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miércoles, 7 de julio de 2010

Antonio Martínez Sarrión

"Unos tienen sus huertos oreados.
sus panales, sus eras y sus viñas,
mas no conocen las fases del mosto.
Yo no te tengo más que a ti"


Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939) cursó el bachillerato en su ciudad natal, desde donde se trasladó a Murcia para estudiar Derecho. Licenciado en 1961, en 1963 estableció su residencia en Madrid, donde trabajó como funcionario público en varios puestos de la Administración. Por lo demás, su biografía exterior se ciñe a su condición de hombre de letras, que se dio a conocer como poeta para ir ampliando, años después, su ámbito de escritura a la crítica, el ensayo, la edición de textos y el memorialismo. Es en este último campo donde ha brillado más en su madurez, tanto en sus volúmenes diarísticos como en la trilogía en que recrea los años de su infancia (Infancia y corrupciones, 1993), de su formación universitaria (Una juventud, 1996) y de su asentamiento en la vida literaria (Jazz y días de lluvia, 2002). Es también un notable traductor (Baudelaire, Genet, Leiris, Musset, Hugo, Chamfort, Jaccottet, Rimbaud).

Su primer libro de poemas, Teatro de operaciones, es de 1967. En 1970, coincidiendo con su segundo libro -Pautas para conjurados-, apareció la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles, que revolucionaría el panorama literario del momento, y entre cuyos autores figuraba él, dentro del subgrupo de los seniors. Entre 1974 y 1976 codirigió, con Jesús Munárriz y José Esteban, La Ilustración Poética Española e Iberoamericana, revista de poesía de la que aparecieron doce números. La primera reunión de su obra poética tuvo lugar en 1980, bajo el título de El centro inaccesible, con estudio introductorio de Jenaro Talens. Posteriormente no ha vuelto a editar poesías completas, aunque hay dos antologías que recogen buena parte de su obra hasta el momento de publicación de las mismas: Antología poética, edición de Juan Carlos Gea (1994), y Última fe (Antología poética 1965-1999), edición de Ángel L. Prieto de Paula (2003).

Aunque en su poética hay determinadas constantes temáticas y estilísticas, la evolución vivida a lo largo de tantos años de creación es muy evidente. Su primer libro presentaba una serie de estampas relativas a su educación sentimental, en torno a ciertas notas de época y con un lenguaje formado mediante pinceladas sueltas y sin apenas conectores gramaticales. Los libros estrictamente generacionales -Pautas para conjurados, Una tromba mortal para los balleneros- son un recuento de los temas, iconos y mitos sesentayochistas (cultura cinematográfica, drogas, música, irracionalismo surrealista...), y finalmente una constatación de la muerte de aquellos sueños y de la inexistencia de cualquier posible paraíso.

A partir de ese punto de inflexión, el poeta tiende hacia una mayor transparencia expresiva, que en Horizonte desde la rada y De acedía muestra las dos facetas anímicas, complacencia y acidez, que marcan este período biográfico. La síntesis entre cultura y vida alcanza su momento más feliz en Ejercicio sobre Rilke, en que un texto del poeta de Praga sirve de base a un repertorio de recuerdos, pensamientos y estampas de su vida. Cantil puede considerarse un paréntesis en la evolución poética del autor: a partir de un cuadro de Böcklin, La isla de los muertos, el autor construye un poema de gran densidad culturalista y un imponente sentido funeral, aunque el libro es también un ejercicio manierista donde relumbra la rica panoplia de recursos de un poeta en la cima de su madurez. Los últimos títulos, de un lenguaje más llano y sin apenas aderezos ornamentales, son un compendio de temas, actitudes morales y referentes literarios y artísticos aplicados a una reflexión sobre la vejez, bien en clave dominantemente estoica (Cordura), bien como homenaje a la tradición literaria occidental y oriental (Poeta en diwan).
Ángel L. Prieto de Paula


Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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Carpe Diem

Qué dispendioso pulular de nombres,
de ateridas esperas mientras la madrugada
difuminaba taxis en una sucia niebla.
Qué lástima de tiempo barajando
naipes ya de textura ala de mosca
cuando el sol meridiano, más de un punto granado,
no sabe de demoras, admite alistamientos
sin requisito alguno,
por ahogado de sombra que llegue el aspirante,
para entregar a cambio manos como paneles,
ríos de campanillas, zureos de palomas,
terco mundo presente,
que fulgura y se esfuma tan tranquilo,
negándose de plano -y con cuánto derecho-
al deshonesto oficio de pañuelo de lágrimas.

"Horizontes desde la rada" 1983

Antonio Martínez Sarrión




Creciente ilusión inútil

Girar las llaves una y otra vez
con obsesión de orate
a fin, gesto imposible sobre torpe,
de conjurar la fuerza y majestad
de un sordo y ciego Azar que va rigiendo
cuanto en el universo alienta y condiciona,
¿será instalarse en la cúspide misma
de la árida ignorancia,
o ir clausurando, si se quiere así,
esos remansos, no de felicidad,
de sosiego tal vez,
el «chispazo entre dos oscuridades»,
metáfora suprema que condensa
la existencia y afanes de la especie?

"Cordura" 1999

Antonio Martínez Sarrión


Crónica fabulosa de Fernando Pessoa

murió el oficinista tenía
una hinchazón horrible paperas
de diagnóstico turbio un diván
gayo papeles esparcidos
por todos los alvéolos de su historia
un jijo de cartón grifos corriendo
que erizaban el vello de los brazos
murió fumando erraba ciertas noches
por claveles de tinta por finos mecanismos
guarnecidos de piel por sellos antigripe
acompañados de un certificado inusitadas
pirámides de polvo hallaron
un orinal debajo de su mesa
postales pornográficas de indescriptible alcance
un libro muy oscuro sobre el maestro eckhart
una alcancía llena de coñac
según los más veraces testimonios
solía mirar al alba los enormes delfines
las joyas y los cuernos que trajeron de goa
una rodela del gran navegante botes de humo
mazmorras para herejes los despuntes
del día le cogían en éxtasis se llevaban
su abrigo de mezclilla a su aterrador paraguas
su personalidad que vaya usted a saber
y otra vez -sol muy tibio gaviotas-
lo devolvían a su inútil despacho
mientras doblaban quejumbrosamente
las verdes anclas del almirantazgo.

"Pautas para conjurados"

Antonio Martínez Sarrión



De la inutilidad de conspirar

Afrontar el desastre con los sueños
Halcones remachados a los guantes volatería
de los cuadros de género alas en las vitrinas
emplomadas
(Campo interior Alondras recordadas en el alba
bajando de luchar del Guadarrama)
Patetismo
de las momias rezando en los estantes
la sorda letanía de la guerra
del impudor de unos y las ganas
de morir o matar de las milicias
Aún están rodeando al viejo pulcro
al librero de viejo
ante los anaqueles abrasados de polvo
acariciando con manos temblorosas los libros de botánica
las mostrencas teorías de Kirotkin
bajo la sucia luz de una bombilla
Historia
ya tapiada viejo tiempo maldito
con interrogatorios a las sombras
Dado caído inexorablemente
pese al Gobierno de Negrín los tanques recienhechos en Jarkov
los consulados del alcohol en el Hotel Florida
el imbatido amor a la verdad
y de este modo
el invisible mago de los libros
el hombre de las trenzas conservadas en talco
recibe cada tarde las visitas sonámbulas de los viejos repúblicos
de las muchachas de las sindicales
mansamente vestidas ahora de marrón Y se intenta
remover la vergüenza Se convocan en sueños
las cohortes brutales de los senegaleses
en las pocilgas de Argèles
el culo al viento los torrentes
de lágrimas inútiles
mientras la historia de los hombres sigue
ante sus ojos congelados.

De "Pautas para conjurados"

Antonio Martínez Sarrión


Derecho de conquista

Con qué empeño la luz
quiere arropar, velada, la paz de la mañana
de manso mar y silenciosas calles
y de ese modo levantar el solio
que te encierra y engasta cual zafiro
cuando, al fin, sonriente y despeinada,
pasas revista a la enemiga tropa
y la encuentras conforme a tus designios
en batallones de plumón tan tibio,
en falanges de aljaba tan vacía
que proclamas, sin lucha, la victoria
y el raigón derrotado de mi ejército
cargados de grilletes tras tu carro se arrastra
traidor a su bandera, a su patria, a su dios.

"Teatro de operaciones" 1967

Antonio Martínez Sarrión




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